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No es malo para nadie, y necesario para todos, dedicar de vez en cuando algunos minutos para hacer un balance de las acciones personales, recapacitar sobre el alcance y los efectos de las ismas.
No hace mucho tiempo, nuestra raza era una ignorada en el mundo cinófilo; un verdadero estallido de interés por ella se desató hacia fines de lo 70, provocando el exagerado éxodo de ejemplares hacia lugares insólitos del globo, desde ya, las principales potencias canófilas fueron las más interesadas y hacia donde se realizaron las mayores exportaciones, fenómeno aún hoy vigente.
Los interesados, ansiosos por ver nuestros "Perros Blancos", acudían a la Argentina, ávidos por conocerlos, empaparse de ellos y de sus anecdóticas y legendarias historias, a veces comparables con verdaderas fábulas, según las bocas que las relataban. Luego y con los Dogos adquiridos, retornaban a sus lejanos hogares, y me atrevería a imaginar que ya en el vuelo de regreso comenzaron, muchos de ellos, a dar rienda suelta a su imaginación y creer que ese ejemplar que habían adquirido era el verdadero y único exponente de la raza.
Habían escuchado tantas cosas a la vez sobre estos Perros, que se olvidaron de preguntar lo obvio y nadie se los dijo y donde radica la importancia de todas las razas: ¿Cómo debía ser un típico Dogo?
Muy pronto comenzaron a verse las consecuencias; para aquellos que les había tocado en suerte, por ejemplo, un animal de grandes dimensiones, el Dogo debía ser así y no de otra forma, la misma actitud adoptaban los que a la inversa poseían un ejemplar de construcción liviana, en fin, se creó un caos tal, que el Dogo Argentino pasó a ser, en ciertas latitudes, según las características que poseían los perros propiedad de las personas que los habían introducido o que tenían más poder de convicción.
Esta situación se ve agravada con los resultados de ciertos juzgamientos, producto tal vez de una mala información o del simple gusto personal de cada juez.
En ningún momento estuvo presente en estos casos, el análisis del estándar racial, el tema consistía en que cada uno acomodaba el estándar a su conveniencia, es decir a sus perros.
Se pueden hacer variadas críticas sobre el estándar del Dogo Argentino, no tiene porque ser una excepción, ya que casi todos los patrones raciales tienen puntos oscuros o poco detallados, y tal vez los criadores de la Argentina encontremos muchos más motivos para criticarlo, porque vivimos en un permanente contacto con los problemas del Dogo y porque somos conscientes que criar esta raza es una tarea muy dificil, pero estoy convencido que el mejor camino para un certero mejoramiento racial es llevar los perros al estándar y no el estándar a los perros; pero lo insólito es que este caos se genera a partir de consideraciones que en el estándar están muy bien explicadas y no deben ser objeto de dudas.
Que dudas pueden existir sobre la agresividad sin motivo, que muestran ciertos ejemplares, cuando la función específica del Dogo, remarcada en su patrón, es la caza mayor, donde esta condición lo descalifica automáticamente; que dudas pueden plantearse en la altura a la cruz, si el estándar, además de mencionar los fríos números no dice que nunca deben llegar al GIGANTISMO, característica que adquiere todo ejemplar que supere los 68 cm.; que dudas pueden existir sobre la falta de premolares, si su creador lo deja bien aclarado en el desarrollo de la obra del estándar, incorporándolo como una característica de la raza, constituyéndose este en uno de los pocos patrones raciales que la toman en cuenta, tal vez, porque tropezó con las mismas fallas que hoy encontramos, cuando logramos una completa dentición, como son la reducción del volumen óseo, la falta de tipicidad en las cabeza y otras y prefirió no arriesgar la tipicidad por premolares. Pero todo esto es entrar en el terreno de las suposiciones, lo real es lo que está escrito y sobre ello debemos actuar.
Hoy se premian y es más, se los hacen campeones a verdaderos gigantes que pierden toda la proporción que no sólo debe guardar un Dogo Argentino, sino todo perro de presa; a ejemplares atípicos, que ostentan claros rasgos de regresiones a otras razas, como los ojos claros, los labios colgantes o manchas de diferentes tonalidades dispersas en su pelaje, por ejemplo, características éstas bien contempladas y tomadas como gravísimos defectos, pero ignoradas por muchos.
Parecería que todo es tomado a la ligera y que es más valedero lo que a un juez le parece que debe ser a lo expresado en el estándar. Esta circunstancia, la considero una burla y una falta de respeto, no solo al creador de la raza, sino también a la Cinofilia Argentina, ya que el Dogo es su único representante. Yo me pregunto que pensarían los alemanes si algún día, alguno de estos señores aparece con la descabellada idea de penalizar a los ejemplares Boxer que muestren prognatismo, por considerarse un cierre anormal, lo cual es indiscutible, que dirían los criadores, cuando se desviven tratando de mantener tan preciada característica.
Creo, que todo criador deberá sentirse orgulloso criando ejemplares con alto grado de corrección, pero pecará por ignorante al querer imponerse cualquier costo, una virtud, que tal vez, por casualidad, logró alguna vez en sus productos; más grave y destructiva aún, será la actitud de un juez cuando consciente de sus falencias la desconocer la verdadera esencia de una raza, da sus veredictos en base a las normas generales y a su parecer.
Hoy, un grupo de criadores han tomado la iniciativa de investigar el porqué de ciertas características del Dogo Argentino, caracteres estos, típicos y exclusivos de esta raza, tal vez en corto plazo podamos despejar muchas dudas, como por ejemplo la relación entre una boca completa y la morfología de la cabeza o el porque existiendo una visión radiográfica de displasia de la cadera no se ve afectada la funcionalidad del animal.
Coincido plenamente en el pensamiento que es prioritario en un Dogo Argentino su tipicidad, la que una vez lograda jamás se debe ni resignar ni poner en riesgo.
Hablé al iniciar este artículo sobre la conveniencia en la autoreflexión sobre lo que hablamos y tal vez nos demos cuenta que alguno de nuestros comentarios, hoy se ha vuelva perjudicial para rústicos y curtidos, de pesadas cabezas con pasiva mirada, casi somnolienta, cuerpos largos musculosos, cubiertos de gruesa pelambre, que aunque blanca, se veía amarillenta y deslucida, como queriendo mimetizarse con el medio en que vivían o disimular las muchas cicatrices de heridas, que como medallas al valor y al coraje, mostraban en su piel, recuerdos de continuos combates con pumas o jabalíes, donde tal vez, dejó su vida alguno de sus compañeros.
Esos perros, verdaderos pilares y hacedores de esta hermosa raza, no tenían un número de registro, ni un prolijo certificado genealógico, ya que la raza aún no era reconocida oficialmente, pero portaban el potencial más importante, lo que hasta el cansancio, nos repitió Don Agustín Nores Martínez y que todavía, y a pesar de los años transcurridos, me parece escuchar: Una enorme herencia ancestral y gimnasia funcional, condición fundamental para ser considerado un buen Dogo Argentino.
Sin dudas, los tiempos han cambiado, hoy sólo importa un título, y parecería que sin él, un Dogo no es Dogo; hoy sólo se escuchan discusiones, hoy sólo se habla de la altura, de las manchas, de los dientes, ya nadie piensa en la funcionalidad y son muy pocos los que tratan de tener una visión de futuro en lo que a herencia se refiere. Hoy, sin duda, son más blancos y vistosos a la vista del mundo. Pero: ¿Estamos en el camino correcto?
Es una pregunta muy difícil de responder, sólo el tiempo nos podrá dar esa respuesta, pero con seguridad, si cometimos un error, al conocerla ya será un hecho consumado y muy tarde de volver atrás.
Son muchos los ejemplos de razas que se han extinguido o atrofiado por un mal manejo, tratemos de nos ser cómplices o culpables de un caso más, hagamos cada uno de nosotros, que decimos amarlo y criarlo, un balance interior de nuestros actos y asegurémonos de no estar dañándola y despreciando así la labor de sus creadores, y démosle la oportunidad a nuestras generaciones futuras de conocer ...
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