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Sr. Director:
Por pedido de varios criadores les quiero comentar que varios lustros de mi vida los dediqué a la práctica como deporte de la caza mayor, jabalí y puma con perro y cuchillo. Cuando comencé no tenía una jauría apropiada. Dos inviernos me los pasé corriendo jabalíes y solo casé un puma con arma, me desprendí de los mismos y comencé la cría del dogo argentino. Con ejemplares que a mi entender cubrían mis necesidades los cuales me fueron entregados en custodia o a préstamo, dejé de correr jabalíes y comencé a agarrarlos.
Mis amigos y yo coincidimos que las técnicas eran correctas, la zona estaba poblada de una exquisita fauna con excelentes ejemplares de jabalíes, muchos de ellos ya acostumbrados al combate y por ende acostumbrados también a matar perros.
En la década del '60, conocí un lugar llamado "Nido de cóndores" en Esquel y allí adquirí vientres para así poder tener lo que se desea y es ideal para todo cazador, criar sus propios perros para así conseguir que la jauría sea la prolongación de nuestra mano, kilos de yerba en 1as jornadas, con mi oído atento y las neuronas despiertas escuchando los apasionados comentarios de don Agustín, así conocí aquellos perros cazadores que quedaron en mi retina y por lo cual siempre busqué que mi jauría no se diferencie de la que don Agustín armaba.
Cuando la bestia diezmaba una jauría y la noticia llegaba a sus oídos ya se aprontaba hasta que llegaba la buena nueva, la misma fue rastreada. Hacia allí se partía y de acuerdo al tamaño era la jauría, muy pronto se lo sentía gritar y por grande que fuera sus colmillos y afiladores quedaban en una madera y su carne cerca de la hoguera en un asador.
Un día don Agustín se nos fue por distintas circunstancias, Ichiro no continuó, y nosotros tan solo nos dedicamos a no dejar que lo nuestro siga ese triste fin con los conocimientos adquiridos y aprendiendo sobre la marcha y muchas veces sorprendiéndonos de las hazañas, hechos y actitudes del Dogo Argentino en cacería.Se debe ser cuidadoso y respetuoso de mantener en equilibrio y armonía. Cada ejemplar se debe desde muy pequeño encariñarlo con la gimnasia funcional.
Cuando ve a un Dogo sumamente manso que levanta su hocico y se lleva a toda la jauría, llega primero y se prende del hocico del jabalí, se lo debe vigilar en todos y cada uno de sus actos. Si se destaca de los demás perros, no se debe dudar ese ejemplar nunca más sale de cacería y pasa a ser reproductor. Lo mismo se hace con las perras.
Así nunca escuchará en el monte ladrar un perro y sí gritar un chancho. Si Ud. es asiduo cazador debe criar de a dos cachorros como mínimo, hermanos en lo posible. Para ingresarlos cada año a la jauría. Para relevar a los que deben abandonarlas por sus años, los años de vida útil nunca deben sobrepasar lo 8 años.
Al ingresar los mismos al año y medio como mínimo estos empiezan a descubrir ese nuevo mundo, siempre sudarán juntos y así se van haciendo a la jauría, su ímpetu, su vehemencia no los traicionará, porque su juventud los hace más rápidos, no saben aún guardar energías para el combate y por ende suelen ser los que mueren, por eso se deben criar en yunta como mínimo, así nunca llegarán primeros y solos. Son escasos segundos, pero lo suficiente para el jabalí. Sentado, en franca posición de defensa y ataque, los hiera de muerte y esos escasos segundos que los separa de los veteranos son fatales para los que debutan en su primera temporada de cacería.
Como la jauría es la prolongación de nuestra mano, cada perro debe estar disciplinado, con sabiduría y paciencia, jamás se lo debe reprimir con actitudes primates (golpes o patadas) su obediencia debe ser porque nosotros somos como el alfa de la jauría y en todo momento somos su protección y a la hora de la verdad hasta un perro más prendidos al jabalí.
En el Martín Fierro dice "No hay prenda que no se parezca al amo" por lo tanto, si el amo es jodido cada perro será como él y hay así distintas actitudes en cada jauría, pero no en cada perro de cada jauría.
No es fácil, una buena jauría de caza lleva años formarlas, a mi me llevo diez años hacer el padre y la madre. El perro que yo quería tener y debía ser igual a un perro que estaba puesto en mi retina y que siempre se destacó en la jauría de caza de don Agustín.
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