Pagina inicial / Artigos e Caçadas / Artigos

" A nossa criação nao é feita de traços retos, perfeitos e comuns. A criação é feita do nosso talento em transformar até os mais simples acontecimentos em lembranças inesqueciveis.

São essas somatórias que faz com que sejamos tão diferentes e dotados de uma história que só nós podemos contar"

 
 
LA REHALA 2
por -
Fonte : -
 
Como señala el conde de Yebes en su obra Veinte años de caza mayor. "No hay verdadera montería sin perros».

COMPOSICIÓN MODERNA DE LAS REHALAS

Las rehalas del siglo xx y finales del xix continúan la tradición de las antiguas rehalas de los siglos xm y xiv con algunas variantes. La rehala de montería española suele tener entre 15 y 25 perros, el grueso de la misma está compuesto por podencos, fundamentalmente españoles, en sus tres variedades de pelo (duro, sedeño y corto).

son sin embargo frecuentes los podencos ibicencos y los cruzados de éstos y aquéllos. El resto suelen ser mastines denominados «ligeros» (resultado del cruce de mastines y podencos).

Abundan también los perros mestizos («atravesados») cuya característica fundamental es que «cazan». No es infrecuente observar incrustaciones de dogos argentinos, deutsch drahthaar, airelade terrier, y algún que otro galgo y sabueso.

Destacan por su belleza las rehalas de podencos blancos o blancos y «naranja» en las que los propietarios han realizado un gran esfuerzo de selección no sólo funcional sino también estética.

CLASES DE REHALAS

Podemos distinguir en nuestro país tres tipos básicos de rehalas:

— Las andaluzas y toledanas, ideadas para el cervuno, y por ello compuestas fundamentalmente^or perros ligeros (podencos) con la función de levantar las reses y hacerlas llegar a los puestos ocupados por los monteros.

— Las de Madrid, Guadalajara, Cuenca, Albacete, sur de Castilla-León y Aragón, más dedicadas al jabalí y con mayor número de perros fuertes ya que se las han de ver en frecuentes «agarres».

— Las del norte peninsular, compuestas por sabuesos y perros de fuerza, dedicadas al jabalí y a la persecución del corzo en territorios de alta y media montaña con pocos puestos lo que requiere perros de gran rastro tenaces hasta el aburrimiento y capaces de perseguir la res levantada durante horas haciéndola volver al monte de donde partió.

En estas rehalas dan buen resultado los sabuesos españoles y algunas variedades de franceses, como el azul de Gascuña. Estos tres tipos básicos de rehalas se entremezclan dando lugar a rehalas variopintas.

MOMENTO ACTUAL

Rehalas clásicas a comienzos y durante este siglo fueron las de don Antonio Corvasí, montero extremeño autor de varios libros sobre la materia y propietario de magníficos alanos, raza ésta hoy en proceso de recuperación y sin arquetipo determinado, cabe mencionar, más recientemente, la del duque de Arión y entre las numerosas rehalas actuales algunas, que no citaremos para evitar el demérito de la numerosa lista de «innombrables».

Tras la guerra civil (1936-1939), que supuso la desaparición de las rehalas, el «desarrollismo» de los años 60 a consecuencia de la «mixomatosis», trajo el abandono de cultivos, el incremento del nivel de vida, y el aumento del número de animales de caza mayor (ciervo, jabalí, gamo y, últimamente, el muflón) y de las monterías, «ganchos» y batidas (monterías menores).

Esta pujanza trajo en los años 60 y 70 la aparición de numerosas rehalas, algunas de indudable valor. La década de los 80 produce la exagerada comercialización de la montería elevándose hasta el disparate los precios, desapareciendo el puesto «de invitación» a los dueños de rehalas y sustituyéndose éstas por las rehalas «de alquiler».

Muchos vieron en este alquiler fuente de «negocio», pero para ello era imprescindible bajar la calidad de la rehala. No es posible criar, seleccionar y mantener todo el año en debidas condiciones sanitarias, de alojamiento y nutrición las rehalas, con el dinero obtenido de los «alquileres», pero sí abundan los picaros que a comienzos de la temporada de caza mayor, «recluían» en perreras municipales y de otras maneras menos «ortodoxas».

Al organizador-especulador de la montería comercial, este sistema de conseguir los perros le trae sin cuidado porque para «hacer bulto» es suficiente y por una cantidad mísera, se ahorran el puesto «de invitación» de la rehala de verdad.

Al final de la temporada estos piratas sueltan donde mejor les pilla a los pobres perros que han resistido la hambruna a que han sido sometidos y no han quedado abandonados en cualquier monte antes, porque, lógicamente, estos individuos van a sacar lo que pueden.

¿Cómo van a retrasarse esperando o buscando a' un perro, perdiendo así la posibilidad de hartarse de comer en la «junta» final de la montería?

Afortunadamente quedan notables aficionados que a pesar de tener que pasarse el puesto como los demás monteros, y de tener que buscar perros al final de la montería y curar sobre el terreno a los heridos y volver días después, no pueden prescindir de cazar con su hermosa rehala de podencos, mastines ligeros, dogos o airedales terrier, o aquel simpático «busca» que es «feo pero listo como un rayo» todos ellos limpios, musculados y provistos de sus colleras con los colores distintivos de la rehala, unas veces acosando, otras levantando y persiguiendo al gran «navajero»

(jabalí viejo, provisto de «colmillos» y moladeras de gran tamaño), o al viejo venado resabiado que utiliza todos los trucos imaginables para despistar a cualquier perro «menos a su rehala». Propietarios que unas veces se meten a cazar con sus perros en el monte, otras se colocan en el puesto pero hacen conducir a su rehala por el verdadero montero: «el perrero».