Nuestro país cuenta desde siempre con grandes cazadores, algunos más reconocidos que otros, pero todos ellos sin duda tienen algo en común, agilidad, amor por la naturaleza salvaje, y una hombría donde no se pueden permitir la falta de coraje, ni que les tiemble el pulso en el entrevero con el chancho y los perros.
En la oportunidad le brindamos un reportaje al Sr. Patricio Ghigliani, cazador y criador de dogos desde 1973. Delegado y miembro de la subcomisión de gimnasia funcional de la filial Buenos Aires del "Club Federal del Dogo Argentino Criadores y Cazadores".¿Cómo deferí/ría la caza con Dogos y a cuchillo?Creo sin dudas que es una modalidad única por el cúmulo de emociones que se viven, donde uno tiene sensación real de caza, por el contacto directo con la presa en un marco de salvaje naturaleza y primitivismo.
Ahí se pone en juego el valor y el compañerismo en situaciones límites, y el profundo amor y entrega por los perros. Por otro lado, es un complemento irreemplazable para la correcta evolución y selección morfológica del Dogo Argentino.
¿No es confradicforio amar a los perros y exponer/os a la pelea con el jabalí?
Si vemos al Dogo Argentino como al perro de caza mayor que se describe en su estándard original, donde cada detalle responde a la funcionalidad y con cualidades morales y psíquicas fijadas para ello, creo que el hecho de cazar es una necesidad misma para el perro. Además es la única forma de darle sentido a la existencia de Dogo como raza y hacer realidad el sueño de su creador.
Sé que esto es muy difícil de entender para quien tiene a su Dogo como mascota y lo ve como a un integrante más de la familia-pero no se puede ser un apasionado de la raza y a la vez despreciar su funcionalidad. No creo que halla demostración de amor comparable a la del montero, que muchas veces debe intervenir a cuchilio en ayuda de algún perro que se "cortó solo" y está siendo literalmente devorado por un jabalí de doscientos kilos.
Quisiera ver qué harían en una situación similar, quienes dicen amar sinceramente a sus perros y nos tildan de crueles a los cazadores.
¿Qué cualidades debe reunir el Dogo de caza?Son varias, para describirlas en pocas líneas las más importantes son: Sociabilidad, para poder desempeñarse como perro de jauría. Obediencia, de las órdenes del guía; el control hacia el perro debe ser total.
Resistencia física, para soportar la marcha por el monte, el pajonal o el pantano. Olfato, que le permita detectar a cierta distancia la presencia del jabalí. Velocidad, para poder darle alcance. Valor, para sostener la presa hasta la llegada del cazador y soportar e castigo sin doblegarse.
Submisión al amo, que le permita a éste realizarle las curas de emergencia sin la ayuda de otro cazador.
¿Existen diferencias entre un Dogo cazador y los que compiten en exposiciones? La diferencia radicaría fundamentalmente en el estado físico. El dogo se presenta en exposiciones en el máximo de su peso y con gran desarrollo de su musculatura. El dogo cazador tendría que ser el mismo perro pero con tendencia a la delgadez es decir se le debe notar perfectamente el relieve de las costillas.
No obstante suelen verse en exhibiciones, y hasta consagrarse campeones a dogos que nada tienen que ver con el perro ágil que debe dar alcance y luchar con el jabalí. Ya sea por su exagerada solidez ósea, excesivo tamaño o musculatura resultan ser perros que aún en el extremo de su delgadez siguen siendo pesados, sin ninguna chance de poder parar un jabalí por sí mismos.
Si a ello le sumamos que en la actualidad los juzgamientos en exposiciones avaladas por FCA son bajo un standar que deforma en gran medida los aspectos funcionales fijados por el creador de la raza, nos encontramos con que las diferencias entre un dogo que pueda competir exitosamente en exposiciones, y uno que pueda desempeñarse eficazmente como cazador, son no menos que abismales.
¿En qué consiste el trabajo que realizan los dogos?
Primeramente, hay que destacar que el Dogo Argentino no es un perro de rastro, posee un excelente olfato. Es el cazador quien debe oficiar de "rastreador". Ya sea por descubrir la huella reciente, intuición de un posible "encame", o ante cualquier otro indicio que evidencie la presencia del jabalí, el cazador deberá guiar rápidamente a los perros buscando mirarlos de frente, a veces dando grandes rodeos.
Ya con el viento en la cara los dogos comenzarán a acelerar su marcha, deteniéndose cada tanto para ventear con la cabeza en alto, buscando detectar la dirección de donde provienen las emanaciones.
A medida que se van aproximando a la presa, el andar de los perros se vuelve cada vez más ligero; para convertirse en veloz carrera ante la inminencia del encuentro. Cuando esto sucede es recomendable retenerlos el mayor tiempo posible antes de la corrida definitiva, que estando bien entrenados basta con un chisti-do apagado.
Esto tiene como finalidad que los perros se mantengan ¡untos, y sobre todo acorta el tiempo que media entre la prendida definitiva y la llegada del cazador. Una vez que los perros "levantan" al jabalí comienza una carrera desenfrenada si es que la presa emprende la huida, o como suele ocurrir muchas veces en que es sorprendido en su encame, opta por presentar pelea.
El cazador deberá estar alerta y agudizar su oído para detectar el instante de la prendida de los perros, que generalmente es el único momento en que los dogos emiten sonido. Así podrá orientarse y acudir al lugar de la pelea.
Al llegar, los dogos estarán prendidos donde acostumbran a hacerlo, generalmente en la cabeza, y ya no se soltarán ¡amas aunque ello les cueste la vida. Allí es prioritario definir la lucha inmediatamente; el cazador se aproximará velozmente, siempre por detrás del jabalí y le clavará su cuchillo justo en el corazón.
Ya vencida la presa se procede a separar a los perros y se revisan para detectar heridas, y si las de consideración hay se curan en el momento. Un buen dogo se dejará suturar mansamente el más terrible desgarro con la sumición propia de ellos.
¿Cuál es para usted el número ideal de perros pana conformar una jauría? Este es un tema muy vidrioso sobre el cuál hay múltiples opiniones. Yo particularmente soy un convencido de que más que la cantidad de perros, lo que importa verdaderamente es la calidad de los mismos.
Se puede armar una jauría de diez perros, pero si los punteros no se prenden en el momento del alcance, otros no logran nunca una mordida definitiva y los que sí se animan se "cuelgan" de cualquier parte, el resultado esperable será de varios perros muertos y el jabalí listo para la próxima.
Pero con cuatro buenos dogos, bien entrenados y que se distribuyan tres en las partes bajas de la cabeza del jabalí y un tomador trasero, se puede parar con éxito cualquier jabalí.
Claro que hay que tener en cuenta que el dogo no es una máquina infalible, como tampoco lo es el hombre que los guía. Tanto uno como el otro a veces se equivoca y el jabalí gana la partida aunque esos errores se pagan caros. Creo que esas son las reglas de la caza deportiva.
¿Existe alguna diferencia enfre el macho y la hembra con respecto a la aptitud del Dogo para la caza?
Según mi propia experiencia, le diría que en lo que hace al valor para la pelea, la resistencia física y el olfato, son independientes del sexo. La hembra presenta el inconveniente de no poder ser utilizada en época de celo.
Pero salvando ello, yo las prefiero porque son mucho más manejables y obedientes. Además tienen la ventaja de que al ser generalmente de estructura más liviana, son más ligeras que los machos; y al jabalí para pararlo se lo tiene que alcanzar. De hecho siempre mis mejores dogos punteros fueron hembras.
¿Qué importancia tiene el tamaño del Dogo?
Este es un tema del que también se ha hablado y escrito demasiado, sobre todo por criadores y cazadores de "librito", que jamás han tenido una jauría de dogos. En base a mi propia experiencia puedo decir que he visto desempeñarse a la perfección tanto a perros que estaban por debajo del límite inferior del estándard, como a otros que superaban el máximo.
Creo que lo importante en verdad es el estado y sobre todo el "corazón" del perro. Si un dogo es grande, sin llegar a la exageración, y a la vez es ágil y ligero, puede desenvolverse perfectamente en el monte o en cualquier terreno. Sino, no tendría
explicación el hecho de que en provincias como La Pampa se use tanto la cruza del
dogo con galgo o gran danés, midiendo la mayoría de ellos más de 70 cm.
¿Por qué se realizan este fípo de cruzas?
Esa es una pregunta que nos duele responder
a los que cazamos con dogos. A los "paisanos", el dogo puro no les gusta por
diferentes motivos. Uno de ellos quizás sea por que no lo conocen verdaderamente y lo tratan como a un perro común; no sabiendo manejar su dominancia dentro de la jauría.
Pero el motivo principal de los cruces, sobre todo con galgos, es por que lo consideran lento para el alcance del jabalí. Y esto ultimo es uma realidad si pensamos en el Dogo voluminoso y
rechoncho tipo "morcilla vasca" que comunmente tiene éxito en las exposiciones.
Seguro que resulta un espectáculo impresionante ver a un dogo de más de cincuenta kilos parar sólo a un jabalí dentro de un picadero; pero en el campo la cosa es totalmente distinta y ese perro se vuelve un tremendo armatoste que no puede con su físico, sin ninguna posibilidad de poder cumplir con su función.
Salvo en zonas pantanosas, donde el Dogo puede ser algo más pesado, ya que el jabalí es por lo general más lento y a los perros les cuesta inmovilizarlo bien por las características del terreno,se debe buscar el dogo liviano.
Sobre todo los punteros que rara vez superan los treinta y cinco kilos. Ésa es la única forma de lograr una jauría formada exclusivamente por dogos y tener posibilidades de éxito. Sino, habrá que conformarse con verlo actuar exclusivamente en su función de presa, como perro que acude al "torido" o llega a la pelea para asegurar el trabajo hecho por el resto de la jauría.
Esto es un despropósito para quienes amamos al dogo cazador, y sobre todo una falta de respeto al trabajo de su creador.