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" A nossa criação nao é feita de traços retos, perfeitos e comuns. A criação é feita do nosso talento em transformar até os mais simples acontecimentos em lembranças inesqueciveis.

São essas somatórias que faz com que sejamos tão diferentes e dotados de uma história que só nós podemos contar"

 
 
ALGO SOBRE OLFATO DE JAURIA
por Amadeo Bilo
Fonte : Revista "Diana"
 
Este tema, escasamente tocado, aunque importantísimo en la labor de las jaurías de perros que se dedican a la tarea cinegética, merece una explicación acorde con su influencia en la cacería. En oportunidad de la pre¬sentación de mis dogos, en la Sociedad Rural Argentina, conversando con gente amiga, tuve oportunidad de mencionar la palabrita "olfato" y ella dio lugar a una serie de preguntas al respecto, como allí no pude ser todo lo amplio que quise, apro- echo las páginas amigas de la Revista "Diana", para procurar extenderme un poco sobre el asunto. Estas apreciaciones que no preten¬den sentar escuela, son el resumen de mis apreciaciones logradas en el propio terreno en que se desarrollan las cacerías de mis perros dogos y si algún valor tie¬nen, quiero que se consideren como una contribución informativa para todos, aun que muy especialmente van dedicadas a un excelente deportista, directivo del Centro de cazadores de Buenos Aires, con cuya amistad me honra. Me refiero al señor Carlos Rebella, que en una oportunidad, no muy distante, supo empuñar la pluma para defender mis conceptos en una polémica de la que se hizo eco "Diana". En primavera despierta el vegetal, en verano fecunda, en otoño se aletarga, prepa¬rándose para el descanso del invierno. El proceso se repite permanentemente, dado que es el desarrollo de la vida misma de las plantas. El medio ambiente "siente" sin duda ese proceso modificatorio y varía conforme esté produciendo la fecundación, floración o madurez de los frutos. Ello, lógicamente, produce en quienes habitan el lugar, hombres o animales, variaciones que no podernos olvidar. La distinta alimentación de los animales herbívoros, ante el advenimiento de cada temporada, provoca en sus carnes, sabores distintos que el hombre comprueba cuando la transforma en su comida. El gusto sufre la influencia del vegetal. No es lo mismo un sabor de carne de animales que se hallaron en zonas de pasturas bajas, que la de otro proveniente de zonas montañosas. Esto es lo que llamaríamos "influencia de alimentación", en cuanto al sabor de las carnes.

IVimlelamente, se desliza la influencia del olor que emana del animal a través de la exudación de su cuerpo, el que aumenta encontrándose en movimiento, essencialmente si éste se realiza demandando un gran sfuerzo.

Cada estación del año, tiene, pues en el campo, una fisonomía diferente en cuanto a los olores que pueblan el ambiente mismo en que se desarrolla la actividad de todos los seres vivos. Con relación a los perros que componen la jauría, ella tiene fundamental influencia y es notable como se siente desorientado un animal que vuelve al campo en primavera, luego de un prolongado descanso invernal.

Han cambiado los olores a que él estaba acostumbrado en el otoño, cuando desarrolló sus últimas actividades cinegéticas. Y su olfato nota la diferencia, aunque el del humano no logre hacerlo. Necesitará "ambientarse" antes de demostrar toda su valía, porque su olfato le indica que ya las presas no huelen igual que antes y necesitará conocer la especial característica de cada una, en este momento, en que le toca actuar. Otro problema que afronta la ¡auría es el diferente tipo de vegetación que integra cada zona. Cuando son trasladadas en marchas por diversos campos y montes en los que las exuberantes pasturas van cambiando de formación, hallándose de cortaderal, totoral, carrisal, pichinal y rebrote de sauce o tamariscal, se les hace en verdad difícil adaptarse a esos ambiente tan cambiantes. En el monte, la suerte no varía. Mientras se alejan hacia las primeras estribaciones, comienza la influencia del chañar, piquillin, alpataco, algarrobo, ¡arilla, etc., con sus distintos olores y características. Inmediatamente se notan las fallas olfativas.

Todo esto significa que se hace necesario una adaptación especial del animal, mediante una práctica permanente en el campo. No son posibles descansos prolongados, pues se corre el riesgo expresado de "desambientarse" por completo.Una de las mejores realizaciones que he logrado en este permanente trabajo que realizo con mis dogos, es la de haber dejado en haciendas amigas, distintos ejemplares que se adaptan perfectamente al ambiente en que se encuentran y que sirven excelentemente de "guías" cuando la labor se realiza en la zona con apoyo de toda la ¡auría, cuyos restantes componentes vienen desde lejos.

Poseo ocho dogos argentinos, cada uno especializado en un tipo de monte distinto, preparados para emergencias comunes, como lo pueden ser la llamada de algún ganadero afectado por un jabalí dañino, al que no pueden parar sus perros. Cuando ello ocurre, "levanto" de paso al perro que se halla en la zona más pare¬cida a la de donde proviene el llamado y obtengo una posibilidad más de efectividad por su adaptación al ambiente en que se desarrolla la "lucha".

Miro la fiera cabeza de un jabalí, con mandíbulas abiertas y gesto terrorífico, que adorna la pared frente a la máquina de escribir desde la cual compongo estas líneas y recuerdo su cacería y el chasco que causé en un buen hombre de campo. En busca de la fiera salimos, él con sus perros (cruza de galgo y ovejero), y yo con mis inseparables dogos.

Los distintos matices del monte, me hicieron sentir un poco acobardado por los perros que tendrían que rastrear en un ambiente extraño. Mientras pensaba en ello, oía al campero elogiar a sus perros olfateadores sobre los cuales no me atrevía yo a hacer objeción alguna (nunca lo hago, hasta comprobar el accionar de ellos).

Seguimos inútilmente un rastro claro que se perdió en una mata de gran contorno, aunque baja, que dominaba mi vista perfectamente desde la altura del caballo. Mi acompañante confiaba en que sus perros descubrirían, por olfato, al jabalí antes de los 1000 metros.

Pasaron ellos al lado de la mata, sin ningún movimiento raro. Parecían un jinete de paseo con sus perros, muy orondos y seguros. Gracias a Dios y a estas corazonadas que los largos años de cacería me han brindado, llamé a mis perros "pegándolos" a la monta y muy despacito rodeé la mata, golpeándola con el arreador, mientras chistaba a los dogos. No sentí nada, pero noté el ligero movimiento de una rama. No precisé más. Enderecé el caballo a fuerza de espuelas y azuzé a los perros. Poco tardaron los dogos en prenderlo y yo en degollarlo. ¿Ganadero...?- pensé-. ¡Mentira...! Lo único que tiene de tal es el campo... le dije al viejo que no se preocupara, que los perros iban a cazar y matar todos los ¡aba-íes. Se quedó mudo de asombro. Le habían llevado dogos diciéndole que "solos" iban a cazar y matar todos los jabalíes de la zona. Y el viejo esperaba, día a día, a que los perros, por sí, salieran y trajeran a rastras a las bestias...De vez en cuando, el estanciero le escribía, preguntándole-. "¿Salieron? No se olvide de avisarme.

Fíjese si no dejan el "chancho" en el monte. Enséñeles a traerlo a la casa...etc., etc..." Increíble, pero ocurrió. Este "ganadero" pen¬saba limpiar su campo manejando los perros poco menos que a control remoto. El pobre viejo siempre contestaba lo mismo-. "No salieron". Y cada vez con mayor ansiedad esperaba la realización del milagro. Cuando me vio llegar pensó que yo vendría a reforzar el "gualicho". Cuento todo esto, para que nadie adopte posición sin antes conocer detalles. Lo que lealmente interesa, es dejar establecido que el olfato tiene un lugar preponderante en el trabajo de la jauría. No olvide nunca que la nariz del perro es muy sensible y I; afectan olores que usted ni imagina.